Cercavila

 

 
 

"¡¡Pase lo que pase Cercavila se hace!!" reza el conocido dicho, que se ha converetido prácticamente en una ley irrefutable para los estudiantes de Telecos. Si ya la Telecogresca, la Festa de Dia y la Telecofarra hacen de las fiestas de Telecos algo peculiar, la Cercavila es la gota que colma el vaso. Un espectáculo único, irrepetible, una mañana de locura por y para la zona universitaria.

Desde fuera, el Cercavila puede parecer un carnaval, con 300 personas disfrazadas iguales, proclamando consignas aparentemente inocuas y representando el mismo espectáculo teatral en cada clase, en cada bar que pisa la marabunta. 300 gargantas entregadas a la causa, 300 telecos de bandera dispuestos a hacer saber al mundo cuando es la Telecogresca. Cueste lo que cueste, aunque para ello se tenga que cortar la Diagonal, el Tram o lo que haga falta.

Pero un Cercavila desde dentro es mucho más. Es sentimiento, es poesía hecha estampida, es para vivirla. La Cercavila no se hace, se lleva dentro, incluso desde mucho antes de descubrir su existencia. Que mejor manera de plasmar esta extraña sensación que la humilde opinión de dos Cercavileros de toda la vida, de los que llevan a sus espaldas más de cinco personajes, fruto de más de un lustro en la escuela.

Cercavila, por Arnau Espinosa

Aún recuerdo mi primer Cercavila. Es como si fuera ayer que un estudiante de primer curso subía a la uni para poder asistir feliz y contento a una de las magistrales asignaturas de la carrera. El sudor le comenzaba a caer por la frente porque la primavera ya había llegado y empezaba el color. "¡¡Que palo, un día tan bueno y tengo que ir a clase!! ". Así es compañeros, en primero aún intentas ir a todas las clases.

Como podía pensar que un grupo de rebeldes mejicanos me asaltaría al llegar al Campus Nord. No os podéis imaginar lo que le pasa por la cabeza a un joven de 19 años al ver más de un centenar de personas con un sombrero mejicano, con un par de copas encima a las 10:00 de la mañana, llenos de consignas que usaban como si fueran gritos de guerra y acompañados por la mujer más hermosa que hayan visto los ojos de un hombre. Madmuasel Lupita. Supongo que estuve tentado de unirme a ellos sin dudar, pero cierto es que hasta que no vi a un par de compañeros de clase entre los revolucionarios no me apunté.

Resultaron ser una gente encantadora, llena de vida y generosidad. Hasta uno de ellos me ofreció una extraña bebida llamada Xibeca justo antes de que acabara tendida en el suelo de una lejana clase de empresariales. Resultó que los organizadores eran una gente de Telecogresca que promocionaban la fiesta de mi carrera y llevaban realizando lo que ellos llamaban Cercavila desde tiempos inmemoriales.

Después de la velocidad, las risas, la emoción y la felicidad de las anteriores 3 horas, al volver a clase me pareció que todo era mucho más apagado que de costumbre. Fue así que un grupo de compañeros y yo decidimos ir a la Telecogresca y resultó ser una fiesta impresionante. Creo que fue allí donde empecé a sentir que yo era un teleco, que con muchos de los que había salido aquella noche compartiría por lo menos 5 años de mi vida y que hay gente con quien merece la pena vivir, aunque a simple vista lleven un sombrero mejicano y se emborrachen a las 10:00 de la mañana de un martes.

Ahora que me pongo a pensar, esa mañana, rodeado de revolucionarios y dejándome la voz con consignas telequiles no sabía que a esa experiencia la seguirían, año tras año, otras de similares, siempre con el mismo espíritu, siempre el mismo martes. Sí amigos, reza un refrán telequil que: "¡¡Pase lo que pase el Cercavila se hace!!". Así fue que pasaron los doctores preocupados por la continuidad de la raza greskera, los piratas que buscaban el tesoro perdido y finalmente, el año pasado, la tribu india que esperaba terminar con el maleficio que torturaba a su pueblo. No ha habido año que me haya saltado el Cercavila, pero supongo que es como todo, para mi, como el primero no ha habido otro igual. Eso sí, conservando el encanto, la gracia y las ganas de pasarlo bien del carácter greskero, me llevo un gran recuerdo de cada Cercavila vivido.

Quién le iba a decir a aquel joven que un día entraría al casal de estudiantes y, que con el tiempo, acabaría formando parte de aquel grupo de simpáticos y exaltados telecos encargados de montar la mejor fiesta que hay. Supongo que el tiempo pasa y que el Cercavila irá encantado a gente para que nunca deje de existir. Siempre con la emoción, las ganas, las risas y la fiesta que lo han caracterizado, porque, en el fondo, el Cercavila es eso. Un reflejo de lo que puedes encontrar en la Telecogreska, una forma más de dar publicidad a una fiesta que lleva más de 25 años a la espalda, una forma de pasarlo bien.

Cercavila, por Ignacio Casasnovas

Hace unos 7 años estaba sentado en clase de CISE I. No me acuerdo de lo que estaría pensando, pero supongo que algo relacionado con "¿Porqué coño estoy en esta carrera de mierda en vez de hacer CUALQUIER otra cosa?"

Y en mitad de mis divagaciones, de repente se abre la puerta de clase y aparece una Procesión. Sí, como las de Semana Santa. Pero los costaleros me recordaban más a psicópatas asesinos, y la Virgen me recordaba más a... no se... era como... bueno, era un tío de 2 metros con barba.

Durante unos diez minutos, y ante la atónita mirada de todos los alumnos, la Procesión nos ofreció una especie de obra de teatro. Si tuviera que definirla con algún calificativo escogería
A) Surrealista
B) Pornográficamente cachonda
C) Incomprensible
D) Antológica

Al finalizar la representación, los costaleros nos animaron a ayudarles a continuar su Procesión. La clase se vació inmediatamente, nadie quería perderse aquello. A medida que fuimos entrando en otras clases, me di cuenta que los psicópatas asesinos eran en realidad alumnos tajadísimos y a la tercera representación el guión de la obra dejó de resultarme incomprensible. Continuó siendo surrealista, eso sí.

Al siguiente año este desvarío general ya no me pilló desprevenido, así que a las 9 de la mañana yo era uno de los Militares Lunáticos que bebía sangría en el Polimenú, y que luego iba por las Universidades a anunciar la Telecogresca (me enteré que ese era el objetivo de todo este impío show) de una forma políticamente incorrectísima pero altamente efectiva y, sobre todo, divertida.

Nuestro lado animal se iba acrecentando a lo largo de la mañana. Podríamos decir que en el momento en el que se para la Diagonal, uno de los momentos cúspides de cada año, dejamos de pertenecer durante unos momentos a la raza humana. Nuestro cerebro pasa a ser propio del Reino de las Amebas, y nuestra alegría comparable a la que debe sentir un semental cuando le ponen 4 vacas para procrear. Sólo que en esos momentos nosotros no acertábamos ni en un agujero negro. (Me refiero a estos raros que hay por el espacio).

Durante el resto de la carrera, cada martes antes de la Telecogresca, continué perteneciendo a esta manada de chalados. Hacerme una foto vestido de indio Tomahawk abrazando al Calvet o caer exhausto delante de la Biblioteca tras la victoria Pirata son cosas que me costará olvidar.

En fin, que después de 7 años, cuando me pregunto "¿Por qué coño me debió acabar gustando esta mierda de carrera"?, supongo que es por cosas como el Cerkavila.

Como habéis podido comprobar con estas opiniones, la Cercavila es algo que está muy adentro en los corazones de los intrépidos telecos. Quizá algún día, cuando peinemos canas y tengamos medio pagadas nuestras largas hipotecas, habremos olvidado todo nuestro paso por esta escuela, no seremos capaces de recordar los nombres de nuestros compañeros de clase, pero en nuestras retinas, seguirá grabado a fuego hasta el último cántico de esos Cercavilas.

Un gran sabio dijo que si el Cercavila lo organizaran los de Bellas Artes, dirían que hacen una gran expresión artística e incluso recibirían subvenciones y premios por llevarla a cabo. Como somos Telecos los que la organizamos dicen de nosotros barbaridades... pero si el Cercavila ha llegado hasta pleno siglo XXI es porqué la Cercavila es algo tan grande que jamás morirá.